/Debug #0013 — Familia
Estado: en ejecución
Creo que uno de los mayores problemas entre las personas no es la falta de cariño.
Es la falta de comunicación.
O, mejor dicho, la costumbre de asumir que el otro entiende lo que esperamos sin necesidad de decirlo.
Esperamos que el otro adivine cuándo necesitamos un consejo y cuándo solo necesitamos que nos escuche.
Esperamos que interprete un silencio, una cara larga o un «no pasa nada» como si existiera un manual de instrucciones compartido.
Y casi nunca funciona.
Yo tengo un problema adicional.
La mayor parte del tiempo soy una persona bastante lógica. Cuando alguien me trae un problema, mi cabeza empieza a buscar soluciones casi automáticamente.
No es una decisión consciente.
Es simplemente la forma en la que aprendí a enfrentar las cosas.
Quizás sea una forma de mantener cierta distancia de las emociones. De ponerles estructura. De creer que, si un problema tiene solución, entonces deja de dar tanto miedo.
El inconveniente es que no todo el mundo busca una solución cuando habla.
Hay personas que solo necesitan que alguien las acompañe un rato en ese lugar incómodo.
Que valide lo que sienten.
Que escuche.
Y ahí es donde muchas veces termino fallando.
No porque no me importe.
Al contrario.
Justamente porque me importa, mi reacción natural es intentar arreglar aquello que hace sufrir a la otra persona.
Pero ayudar y acompañar no siempre significan lo mismo.
Últimamente me pasa bastante con mi hermana.
Ella carga con muchas cosas. Más de las que podría resumir en una entrada como esta.
Y a veces siento que espera algo de mí que, sencillamente, no sé darle.
No porque no quiera.
Sino porque probablemente hablo otro idioma emocional.
Ella quizás necesita presencia.
Yo ofrezco herramientas.
Ella busca comprensión.
Yo empiezo a diseñar un plan.
Ninguno de los dos está necesariamente equivocado.
Simplemente estamos intentando encontrarnos desde lugares distintos.
Supongo que crecer también consiste en aprender que no todas las personas necesitan lo mismo de nosotros.
Y que querer ayudar no siempre significa saber cómo hacerlo.
Quizás la próxima vez, antes de empezar a buscar una solución, alcance con hacer una pregunta.
«¿Querés que pensemos cómo resolverlo o simplemente necesitabas que alguien te escuchara?»
Puede parecer una diferencia pequeña.
Pero sospecho que muchas conversaciones cambiarían por completo si empezáramos por ahí.
ESTADO: En Alerta
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